Ésta es la puerta exterior:
Por la mañana visité el paisaje de la bahía de Matsushima, plagado de islas. Una de las primeras es ésta, con santuario shinto en ella:
Estas dos islas se llaman 'de la Novia' y 'del Novio':
Me impresionó el efecto de la erosión en esta otra isla:
Otra isla erosionada, en este caso el efecto es la creación de arcos que la abren:
Una más (prometo que es la última, aunque allí había miles):
Una vez visitadas las islas decidí que era momento de probar el sushi. Dónde mejor que en zona costera?
Pero después vi un bar pequeño que servía ostras y todo tipo de bichos con concha y decidí que mi comida bien podía constar de dos platos y ser el segundo esta otra especialidad de la zona. Probé estas dos:
En Kakunodate me alojé en un ryokan familiar, no tenía nada que ver con el más cosmopolita en el que me alojé en Sendai. Esta es la habitación:
Y éste el pantagruélico desayuno con el que fui agasajado a la mañana siguiente:
Y aún había más en el suelo...:
Primero visito la casa Nishinomiya. El edificio más representativo tenía expuestos varios objetos, entre otros estos juguetes infantiles:
Esta casa también pertenecía a un samurai (llamado Goi) pero estaba cerrada al público. Como esta había varias:
Por el camino vi este interesante restaurante:
Ésta otra, perteneciente a un tal Iwashaki (no, aquí no se llaman López, no), tenía esta entrada:
Después entré en el museo. Éste es el aspecto de una de sus entradas:
En él estaba Éste artesano dedicado al llamado kabazaiku, arte de hacer o recubrir objetos con corcho de cerezo local:
La siguiente visita que hice fue a la casa Aoyagi, allí pude fotografiar por fin en condiciones estas armaduras samurai:
También tenían una interesante colección de libros. Aunque no creo que yo les pida prestado ninguno, jeje.
Estatua de uno de los habitantes. A mí que no me jodan, pero ponerse una bufanda de nieve es como curarse un traumatismo a martillazos:
Por último visité la casa Ishiguro. Allí me explicaron entre otras cosas que este tipo de hogar donde también se ubica una tetera perpetua es habitual aún hoy:
Ésta es la sala donde solía hacer vida la familia Ishiguro. La que hay al otro lado de los paneles es donde recibían las visitas:
Estos árboles están considerados como un paraje natural único cuando florecen, pues forman una especie de túnel con sus ramas... llenas de hojas. Ahora están semicubiertos de nieve y las hojas brillan por su ausencia, así que ni túnel ni maravilla, y más bien recuerda a algunas escenas de Fargo:
Y seguía nevando...
Y seguía...
Esta es la última foto que hice antes de que me desapareciera la cámara. Por todos los shintos, qué susto!!
El día en Hiraizumi empezó pronto. Aunque no hice foto también tuve un fermoso desayuno en el ryokan Maizuruso. Aunque no estaba indicado en guía alguna de las que tenía en mi poder me llamó la atención este pequeño templo moderno. Tan moderno que aún lo están construyendo.
Otro detalle, aunque éste lo obtuve por la tarde:
Esta estatuita guarda la entrada al recinto del templo Chusonji:
Éste es uno de los muchos templos que jalonan el camino al principal:
En él, este león panorámico:
Detalles en el tejado de madera:
El edificio principal, llamado Hondo, es éste:
He aquí su altar en detalle:
Otro templo aledaño:
El museo principal, llamado Sankozo, mostraba en la primera sala tres estatuas que estaba prohibido fotografiar:
Desgraciadamente la prohibición era mucho más eficaz en el edificio que guarda el tesoro nacional de estos pagos, el Konjikido, por lo cual la única foto que hay es ésta, del exterior, bastante insulsete:
Os remito, pues, a ésta otra foto, ajena...
En la parte más alejada del recinto está este teatro de Noh (el Noh es una forma de arte teatral medieval japonesa):
Aquí el otoño se fundía con el invierno:
Volví a atravesar este torii, por el que ya había pasado antes:
También volví a pasar por el Hondo y saqué una foto de su campana y el equivalente al badajo, más bien un ariete:
Decidí bajar por un camino alternativo y, sorpresa, me encontré con estos torii alienados:
Ya cerca de mi ryokan visité este lago aún helado:
Y hablando de lagos, el segundo templo en importancia de la zona es el Motsuji, aunque se dice que en su día era el principal. Hoy no queda mucho, pero está intacto el lago y algunos detalles de los jardines:
Éste es el altar de su hondo:
Máscaras de teatro Noh mostradas en su museo:
De camino al Muryokoin, templo extinto, encontré varios jardines preciosos:
Éstos árboles ocupan el lugar donde estuvo el Muryokoin:
La gracia del Muryokoin es que sus constructores lo hicieron de tal forma que la puesta de sol coincidía detrás de un monte que había también detrás del templo, así epataban a quienes entraban por su puerta oeste con unas vistas dignas del mismísimo Buda. Por tanto, me quedé a hacerle una foto a la puesta de sol:
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