Seguimos viviendo el invierno como un otoño tardío en algunas zonas:
Aquel museo me permitió convertirme en samurai durante unos minutos... claro, uno no puede transformarse en samurai y seguir pareciendo un ciudadano:
Semejante violensia requería un momento de relax, y qué mejor para ello que un sake en un sitio elegante?
El lugar elegante no era precisamente un bar sino una interesantísima tienda de cerámica japonesa, interesante por mezclar de manera muy equilibrada, y repito, elegante, tendencias modernas y tradicionales:
En los sitios más sosos, y pese al momento samurai Kagoshima había entrado en esa categoría, de repente siempre algo te sorprende. En mi caso fue la comida, buey picado, delicioso y sorprendentemente económico:
Los templos de la ciudad no eran clásicos históricos, como en otras visitas anteriores, pero al menos en este caso pillé a uno a punto de celebrar una boda:
Después de visitar el museo y pasear por la Avenida de la Cultura me dirijí al centro por la zona de compras. En alguna de las calles aledañas me tomé un café junto a un bar típicamente nipón:
La calle en la que estaba presentaba éste aspecto:
Y al llegar al barrio donde estaba mi hostal encontré celebración navideña al canto:
Unas horas más tarde estaba en Fukuoka. Allí son populares los tallarines 'ramen', que se sirven en restaurantes callejeros como éste:
Muy concretamente, éstos fueron los míos:
En Fukuoka también hay restaurantes con bonitas fachadas:
De allí fui a Beppu, donde visité varios jigoku. Éste es el primero, de aguas rojas:
El segundo consistía en un geiser aleatorio pero lo suficientemente frecuente como para pillarlo:
El tercero de aguas blancas, casi lechosas: Al igual que los dos anteriores, con un fuerte olor a azufre:
En el cuarto, mi favorito, el agua es sustituida por un barro con aspecto viscoso, donde se forman densas burbujas que estallan estrepitosamente. Aquí el olor a azufre era aún mayor:
El quinto presentaba un estanque muy bonito:
El jigoku propiamente dicho tenía aguas azuladas (por eso se llama Umi, que significa 'mar'):
En el sexto que visité las fumarolas escapan entre las piedras. Tenía también estanques pero lo que lo hacía diferente era eso, ver las humaredas entre las rocas:
También tenía un pequeño zoo:
El séptimo jigoku que visité no tenía nada especial en lo relativo a sus aguas, parecía más bien un recopilatorio de estanques parecidos a los que ya había visitado. Su principal atractivo eran los cocodrilos que pueden vivir aquí gracias a la temperatura de las aguas:
Por la noche salí de mi minshuku a fotografiar las calles cercanas:
Antes pude acercarme a tomar un baño en un onsen público. Obviamente no pude fotografiarlo, pero sí éste, en mi minshuku, donde a la mañana siguiente me tomé otro onsen, esta vez privado, esta vez fotografiado:
Desde Beppu fui a Matsuyama (pasando por Yawatahama), de nuevo en la isla de Shikoku aunque esta vez en la parte más occidental, para visitar su castillo.
En Yawatahama (donde me dejó el ferry que me trajo desde la isla de Kyushu) disfruté este bonito almuerzo:
Al castillo se accedía en telesilla:
He aquí varias imágenes del castillo en sí:
Dos detalles arquitectónicos que muestran cómo en este castillo, más que en otros, es la madera la protagonista en términos de decoración:
Después abandoné por segunda vez la isla de Shikoku para visitar la zona de Kansai. Inicialmente pretendía visitar el castillo de Himeji, pero estaba cerrado. Mala época la navidad para visitas turísticas:
El castillo tiene una estructura muy parecida a otros castillos japoneses. No pudiendo visitar su interior y dada la semejanza que acabo de mencionar, opté por destacar los detalles de su arquitectura. He aquí un par de ejemplos:
Éste y otros castillos suelen estar rodeados por puestos de comida rápida pero tradicional. Estas bolas de pulpo se conocen como takoyaki:
Los exteriores del recinto volvían a mostrar el enorme contraste entre historia y modernidad:
En el Shinkansen hacia Osaka descubrí que en alta velocidad también podemos ir de pie. Como venganza fotografié a los dormidos:
El castillo de Osaka es igualmente impresionante y estaba igualmente cerrado. Ni siquiera el recinto que lo rodea era visitable, así que decidí hacer fotografías desde su alrededor. La primera, ésta:
Aquí un halcón parece querer indicarme dónde apuntar con la cámara:
Ésta es probablemente la imagen más nítida que se podía sacar a semejantes distancias:
La visita a Kobe fue breve, sólo pretendía cenar. Lo conseguí en este centro comercial, pegado a la estación del shinkansen:
No voy a contar mucho sobre mi cena, pero ya imaginaréis que estando en Kobe no iba yo a pedir un hot dog, verdad? He aquí una pista:
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